La reconocida artista puertorriqueña regresa a su tierra a presentar exclusivamente su tan esperada muestra individual el 5 de noviembre en la galería Walter Otero Contemporary Art, con una instalación que explora la relación entre la materia, la luz y la memoria ancestral.
La renombrada artista puertorriqueña Gisela Colón presenta su tan anticipada muestra titulada “La sal de mi cuerpo se convierte en luz” el 5 de noviembre en la prestigiosa galería Walter Otero Contemporary Art. Ya no es un secreto--Gisela regresa a casa después de una larga y exitosa temporada, en un momento clave en su carrera—y de la mano de su galerista y gran amigo Walter Otero, no podía ser de otra manera.
“Tener una exhibición individual de Gisela en mi galería es muy significativo para mi. Gisela es ya parte de mi familia. Siento que es el momento correcto. Es más, puede que sea la última vez que la tengamos, porque hay planes muy ambiciosos a nivel internacional con ella. Los espectadores que se den cita tendrán acceso a su peculiar universo y les aseguro-- es hermoso, no hay comparación—para empezar, solamente diré que más de 10,000 libras de sal llegaron expresamente de Mayagüez para Gisela”, esboza Otero.

“Para los que piensan que Gisela está en el pináculo de su carrera no se equivocan, pero, todavía no está ni a mitad de su camino. Hasta podría decirse que este es el comienzo. Ahora estamos empezando a posicionarla institucionalmente en Europa. Todo lo que estamos leyendo sobre ella solamente genera más interés de grandes críticos internacionales. Es un momento importantísimo para ella y para el mundo del arte en Puerto Rico y más allá. Se lo ha ganado con su talento, genio y su humildad”, esboza el galerista.
“La sal de mi cuerpo se convierte en luz”, es una exposición individual que reúne cuatro obras de pared y una instalación de sal marina que transforma el espacio de la galería en un campo mineral y oceánico nunca antes visto en la isla.
A través de este encuentro entre materia cristalina y espectros de luz, Colón establece una continuidad entre el paisaje insular de Puerto Rico, donde convergen la memoria del cuerpo y las fuerzas que conectan la Tierra con el cosmos. Sin música ni distracciones, el silencio forma parte de la inmersión sensorial.

“El océano de Puerto Rico habita mi memoria ancestral y mi cuerpo, desde las generaciones de mis antepasados que vivieron frente a sus aguas en Arecibo y Aguadilla, hasta la memoria primordial de la vida que todos llevamos en nuestras células. En esta exposición, la sal se convierte en un puente entre esa herencia ancestral, la fuerza del mar y los espectros de luz y color que han definido mi investigación artística durante décadas”, explica Colón quien se prepara para el lanzamiento de su libro próximamente basado en el proyecto presentado en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico por Turner Libros, Madrid.
Al adentrarnos en la obra, observamos que la sal nace de un antiguo intercambio entre piedra, agua, atmósfera y tiempo. Cuando el agua se evapora, aquello que no podíamos ver se revela: la materia emerge en forma de cristal. Esa misma química mineral está presente en el cuerpo humano, es decir, llevamos dentro de nosotros la memoria química del océano.
Y es que, para la misma Colón, el océano constituye también un territorio de memoria ancestral. Su padre, bisabuelo y generaciones anteriores de su familia proceden de Arecibo, Puerto Rico, donde su bisabuelo perdió la vida durante el huracán San Felipe de 1928, mientras colocaba sacos de arena junto al mar para proteger al pueblo.

Los recuerdos de sus visitas a Arecibo, la fuerza imponente del océano y el sabor de la sal permanecen profundamente arraigados en su memoria sensorial. Durante años, la artista ha observado cómo la luz solar se refleja y fragmenta sobre la superficie cambiante del agua, generando experiencias perceptuales de destellos, refracciones y espectros cromáticos. Estas vivencias vinculan la memoria íntima del paisaje puertorriqueño con sus investigaciones sobre la luz, la percepción y el color estructural fragmentado.
Extendida sobre el suelo de la galería, la sal configura un horizonte cristalino sobre el cual las obras de Colón se manifiestan como cuerpos luminosos. Sus formas geométricas y orgánicas, realizadas mediante materiales ópticos y procesos de color estructural, interactúan con la luz para generar espectros cromáticos cambiantes. A medida que el espectador se desplaza, los colores emergen, se intensifican y se transforman, revelando fenómenos que existen más allá de nuestra percepción inmediata.

Esta instalación extraordinaria, única e imperdible establece una correspondencia entre dos procesos de revelación: lo que permanece invisible en el agua del mar se convierte en cristal; lo que permanece invisible en la luz se revela como color.
Por su parte, el cuerpo del espectador ocupa el espacio entre ambos: la sal como extensión simbólica del océano y las obras como manifestaciones del espectro luminoso.
“La sal de mi cuerpo se convierte en luz” propone una transformación que comienza en la geografía íntima de Puerto Rico y se expande hacia una dimensión universal.
Los fanáticos, aficionados y entusiastas del arte de Gisela pueden estar seguros de que no solamente disfrutarán de un banquete sinigual en materia de arte, sino que no podrán evitar ser parte de esta inquietante, profunda y sublime transformación.