Por David Guerra, fundador de MARCA RIBE

Obra por Rigoberto Quintana

Como profesor y galerista, puedo asegurarles que el valor comercial de una obra de arte es uno de los temas que más intriga a estudiantes, coleccionistas y amantes del arte por igual. Aclaro que me refiero al valor comercial, y no simplemente al precio de una obra, cuya cifra puede responder, entre otros factores, al medio artístico empleado, su tamaño, costo de producción o la cantidad de obras disponibles en el mercado. Aunque útiles para establecer un precio, ninguno de estos elementos explica por sí solo el valor de una obra. El mercado del arte construye ese valor a partir de factores como la autenticidad, la procedencia, el estado de conservación, la exposición pública y, por supuesto, la calidad.

La historia de cada obra, las colecciones a las que ha pertenecido, las exposiciones en las que ha sido mostrada y las publicaciones que la han reseñado o estudiado, contribuye a su circulación y, con ella, también a la construcción de valor económico. Curadores, galeristas, museos, críticos, historiadores, casas de subastas y coleccionistas desempeñan, de maneras diferentes, un papel fundamental en ese proceso.

Obra por Roberto Silva Ortiz

Sin embargo, aunque investiguemos precios, procedencias y exposiciones, y verifiquemos el estado de conservación y la autenticidad de una pieza, la calidad continúa siendo determinante. Aunque imposible de cuantificar, aporta argumentos razonables frente a aspectos más arbitrarios del mercado. Me refiero al dominio del medio, la seguridad de la ejecución, la claridad de las decisiones creativas y la fuerza de la expresión alcanzada, independientemente del período, el estilo o la tendencia a la que la obra pertenezca.

Valorar esa calidad requiere entrenamiento, curiosidad y pasión. La conocida expresión “entrenar el ojo” implica mirar mucho arte y educarse con curiosidad y humildad. Vistar los estudios de artistas que admiramos, así como los museos, galerías y otras organizaciones comprometidas con la educación artística y la cultura, pueden ayudarnos en ese aprendizaje. Cuando la calidad de una obra es reconocida y sostenida en el tiempo, el mercado suele terminar reflejándose. Más problemático es cuando la oferta y la demanda o una influyente campaña de mercadeo consiguen elevar la mediocridad. El precio nos informa cuánto cuesta; aprender a mirar nos ayuda a entender cuánto vale.

Julianny Ariza