Colaboración editorial por David Guerra, fundador de MARCA RIBE para MODO DE VIDA
Obras por Roberto Luis Silva Ortiz

Cuando decidimos construir o remodelar un espacio, solemos pensar en los pisos, los baños, la iluminación o el mobiliario. Sin embargo, pocas veces dedicamos el mismo tiempo y presupuesto a concebir la experiencia cultural de habitar ese lugar. Mientras la inversión en materiales y diseño mejora la manera en que usamos un espacio, la inversión en arte enriquece nuestra relación intelectual y emocional con él.
Cuando el arte dialoga con nuestras experiencias personales y sensibilidades estéticas, se convierte en una de las mejores inversiones posibles. El sofá perderá valor con el paso del tiempo y los electrodomésticos de la cocina terminarán siendo reemplazados. El arte, siempre que no sea lo último que se incorpora al proyecto, tiene la capacidad de adquirir valor con los años.

En proyectos de mayor escala, desarrolladores, arquitectos y diseñadores deberían integrar la dimensión artística para que esos espacios se conviertan en auténticos embajadores culturales, tal como ocurrió, en sus inicios, con el emblemático Caribe Hilton. Desafortunadamente, las remodelaciones impulsadas posteriormente terminaron por desmontar, destruir o hacer desaparecer obras de arte que constituían testimonios materiales de uno de los casos más sobresalientes de integración entre arte y diseño moderno en el Caribe.
Ante la ausencia de políticas públicas que incentiven la inversión en arte dentro de los nuevos desarrollos, corresponde tanto al sector público como al privado asumir un compromiso con la construcción de nuestra identidad cultural. Apoyar el arte local debe ir acompañado de la responsabilidad de proteger el patrimonio artístico ya existente. Puerto Rico cuenta con excelentes conservadores y restauradores capaces de asesorar sobre las condiciones adecuadas de iluminación, humedad y manejo de las obras.
Construir es también crear memorias. Remodelar debería honrarlas, no borrarlas.