Por David Guerra, fundador de MARCA RIBE | Obras por Carlos Zorrilla

Cuando la estética falla, tu negocio falla. Está demostrado. Los espacios comerciales más exitosos son aquellos que activan los sentidos y producen una experiencia placentera desde la primera interacción. Descuidar cómo se siente un espacio, cómo se escucha o cómo luce puede afectar la percepción de aquello que con tanto tesón se ha concebido. Sin embargo, cuando estos elementos se integran con acierto, potencian la memoria, el orgullo y el sentido de pertenencia.

Según diversos estudios, alrededor del 85 % de las decisiones que adoptamos responden a una emoción más que al análisis racional. En el sector comercial, por ejemplo, la estética, entendida como una experiencia sensorial, contribuye al éxito económico, a la satisfacción de los clientes y a la percepción de la marca. Es aquí donde el arte puede imprimir un carácter singular y memorable.

Cuando un proyecto comercial se alinea con el arte, ya sea porque refleja la historia personal e intereses de sus fundadores, los valores que representa la marca o las identidades culturales que lo rodean, genera un impacto emocional y cultural invaluable en las comunidades donde se desarrolla. Solo así puede crearse un espacio sano, capaz de enriquecer la vida cotidiana.

Para ello, resulta útil acudir a algunos métodos propios de la curaduría: articular una narrativa, definir la audiencia, investigar el contexto y la historia del lugar, elegir con intención y aspirar al equilibrio. Pensar el diseño desde una perspectiva curatorial genera diálogos y construye puentes, convirtiendo estos espacios en lugares imprescindibles a los que siempre se desea regresar.