¿Alguna vez te has preguntado si un interior puede hacer que dos personas hablen?

Tal vez no pueda obligarlas, pero sí puede aumentar bastante las probabilidades.

En los espacios comerciales, la circulación, las escaleras, las barras, los coffee points, las mesas comunales y hasta esos metros cuadrados que antes parecían “espacio perdido” pueden convertirse en pequeños provocadores de encuentros. Y todos sabemos que los encuentros pueden ser business y money makers.

Una escalera bien ubicada hace que nos crucemos. Una barra invita a quedarse cinco minutos más y, quizás, cerrar ese negocio. Una mesa compartida elimina ciertas fronteras. Un coffee point estratégicamente colocado puede hacer más por una conversación que una reunión programada con quince personas en el calendario. Una buena mesa de conferencia puede incluso convertirse en un punto de partida para el crecimiento de un negocio.

¿Y las zonas nómadas? Sí, son esas zonas intermedias: ese banco frente a una ventana, un rincón donde esperar con una vista hacia las oficinas, un pequeño espacio que no tiene una función única, pero que permite detenerse, observar y conectar.

Cuando existe conexión visual entre diferentes áreas, vemos movimiento, reconocemos caras y descubrimos quién está allí antes de decidir acercarnos.

No todo encuentro necesita una invitación. Como puertorriqueños, somos sociales; nos toca echar pa’lante, atrevernos a conectar. Algunas de las mejores conversaciones en una oficina, un hotel, una tienda o un restaurante ocurren precisamente cuando nadie las planifica.

Por eso, diseñar la circulación ya no significa solamente resolver cómo llegar de un punto A a un punto B. También significa pensar qué podría pasar en el camino.

Porque en los nuevos espacios comerciales, hasta la casualidad puede tener un plano.