El Ecoparque Ciénaga de Mallorquín es parte de procesos contemporáneos de regeneración ambiental y reconfiguración del borde urbano en contextos costeros. Ubicado en Barranquilla, Colombia, el proyecto aborda la relación histórica entre la ciudad y uno de sus ecosistemas más significativos: la Ciénaga de Mallorquín, un sistema lagunar situado en el punto de encuentro entre el Océano Atlántico y el río Magdalena. Esta condición geográfica ha definido no solo la riqueza ecológica del sitio, sino también el desarrollo urbano y cultural de la ciudad.

Ecología
Durante el último siglo, intervenciones a gran escala como la construcción de las Bocas de Ceniza transformaron significativamente la morfología del territorio, alterando los flujos hidrológicos y afectando el equilibrio ecológico del humedal. Como resultado, la laguna experimentó procesos de degradación, contaminación y un aislamiento progresivo de la vida urbana. Sin embargo, el ecosistema ha demostrado una notable resiliencia, evidenciada por la persistencia de su biodiversidad, que incluye más de 200 especies de aves residentes y migratorias, así como amplias áreas de manglares.

Mediación entre lo urbano y lo natural
En este contexto, el ecoparque se concibe como una infraestructura territorial que no busca imponer una nueva forma al paisaje, sino establecer un sistema de mediación entre las dinámicas urbanas y naturales. El proyecto se materializa a través de una red de caminos, plataformas y espacios abiertos que configuran un "borde vivo": una franja activa que regula la relación entre la expansión urbana y el ecosistema, actuando simultáneamente como una barrera protectora y un umbral de acceso.

Ecoparque educativo y contemplativo
Lejos de ser un límite rígido, esta interfaz se adapta a las cambiantes condiciones del territorio, reconociendo la naturaleza dinámica del humedal. Las pasarelas elevadas permiten el movimiento a través del paisaje sin interferir en los ciclos hidrológicos y biológicos, mientras que las plataformas de observación habilitan la contemplación y el aprendizaje. De este modo, el ecoparque transforma el manglar en un espacio de conocimiento, donde convergen prácticas científicas, educativas y culturales.

El programa se estructura a través de distritos que organizan diferentes formas de uso y apropiación. El desarrollo actual se centra en dos áreas construidas principales: el Distrito de Contemplación, orientado hacia la observación del ecosistema y la educación ambiental, y el Distrito Familiar, concebido como un espacio de reunión y recreación. Ambos distritos activan el parque y generan una relación directa entre la comunidad y el paisaje sin comprometer la integridad ecológica del sitio.
El ecoparque también reconoce e integra prácticas existentes como la pesca artesanal, incorporándolas dentro de su lógica espacial y programática. Las transiciones entre ciudad y naturaleza se resuelven a través de la continuidad del espacio público y estrategias de vegetación, extendiendo gradualmente los sistemas urbanos en el paisaje.

Cuidando el ecosistema
Más que un objeto arquitectónico, el Ecoparque Ciénaga de Mallorquín es un sistema abierto y flexible en constante transformación. Su objetivo no solo es restaurar un ecosistema degradado, sino también proponer una nueva forma de relacionar la ciudad con su entorno natural, basada en el equilibrio, el respeto y la coexistencia.
Al entender el paisaje como infraestructura viva y el espacio público como un mediador activo entre los sistemas urbanos y ecológicos, el proyecto establece un modelo de intervención replicable para territorios costeros vulnerables. Su enfoque demuestra cómo la arquitectura, el urbanismo y la ecología pueden trabajar juntas para regenerar ecosistemas estratégicos mientras se crean nuevas oportunidades para el encuentro, la educación y la apropiación cívica.