Con la publicación de su primer libro, Walter Otero rompe esquemas y se posiciona —como nadie nunca antes— en el mundo del arte: ante todo y, sobre todo, como Un Galerista orgullosamente Tropical.

Blas Fonalledas, Walter Otero y Janine Fonalledas

Con la publicación de su primer libro, titulado Walter Otero, Un Galerista Tropical, por la icónica casa editorial española Turner, el reconocido galerista puertorriqueño escribe un nuevo capítulo en una trayectoria que por décadas ha impulsado el arte de Puerto Rico en y hacia el escenario internacional.

Como parte del lanzamiento, la prestigiosa galería Walter Otero Contemporary Art se unió en exclusiva a Reinhold Men para celebrar —en franca colaboración— una serie de eventos conmemorativos de gran envergadura. Coleccionistas, amigos, familiares, clientes y admiradores de Otero se dieron cita el martes 21 de abril en Plaza Las Américas para presenciar el esperado conversatorio sobre su icónica trayectoria en el ecosistema global, junto a Loren Ferré Rangel, Fundadora y Lead Strategist de LorenBranding Strategic Consulting.

Valeria Butter, Jeniffer Rosa López, Victoria Sánchez-Lincoln, Walter Otero, Mildred Marcano, Glorisix M.Rosario y Lycher López Francis

No podía ser de otra manera. Así lo quiso el visionario que, a lo largo de su carrera, ha representado artistas de la talla de Ángel Otero, Gisela Colón y Arnaldo Roche (QEPD), entre otros grandes nombres del arte contemporáneo. Los asistentes disfrutaron de una velada sin precedentes, seducidos por simpáticas instalaciones artísticas de platanutres y galletas Florecitas —cortesía de Walmart— en una noche donde reinaron el estilo, el buen gusto y claro, la exquisita coctelería de The Macallan.

“Esta colaboración es una muestra más de nuestro compromiso con el arte y con Puerto Rico”, esboza Mildred Marcano, Principal Oficial de Operaciones para el grupo Reinhold. “Walter Otero, además de ser un gran amigo de la familia Reinhold, es un destacado gestor cultural. Nos llena de orgullo que una figura tan influyente en el ámbito artístico del país nos haya invitado a ser parte de un momento tan importante en su carrera”, acota.

Mauricio Perelló, Juan Ernesto Ayala, Gonzalo Gracia y David Chaymol

Para cerrar con broche de oro esta gesta, un selecto grupo de 50 invitados entre los que se destacaron Horacio y Dinorah Campolieto, Jorge Colón Gerena, Mari Rodríguez, Félix Alvarez, Juan Nieves, Rolando Padua, Gina Aponte, Julio Cabral, Mercedes Corrada, Carlos Trápaga, Christina Hacker, Dr. Carlos Robles, Michelle Carrasquillo y el Licenciado Osvaldo Carlo, se reunió anoche en el restaurante Materia Prima, en el Hotel El Convento, Viejo San Juan, para alzar sus copas de Rare Champagne —anfitrión especial de la noche junto a Reinhold Men— y brindar por el distinguido y querido galerista. Los presentes disfrutaron de un menú exclusivo preparado para la ocasión por los chefs Martín Louzao y Vilmarie Rodríguez, acompañado de cocteles de Botanist Gin, The Macallan y Bravada Vodka.

“Hay cosas en la vida que no se pueden forzar, sólo se pueden construir con tiempo, con intuición y con mucha fe en lo que todavía uno no ve claro. Rare Champagne y Walter Otero son exactamente eso”, dice Gabriela García Céspedes, Spirits Brand Manager para Coca Cola Puerto Rico Bottlers.

Y es que, aunque nunca pensó escribir un libro, la historia de Walter —nacido en Mayagüez— es una en un millón. O, mejor dicho, una entre los 3.5 millones de habitantes de la isla. Era cuestión de tiempo para que surgiera el interés en la vida y obra del enigmático galerista de inconfundibles lentes oscuros, quien ha dedicado más de la mitad de su vida a su vocación y gran pasión.

Walter Otero y Loren Ferré

Ante la inevitable pregunta de cómo surge la idea de Un Galerista Tropical, Walter cuenta sin reparos la peculiar historia. Podría decirse que su destino ya estaba escrito.

“Este libro nace de una relación de más de 20 años con un gran amigo, escritor y editor de arte, Omar Pascual. El trabaja con la casa editora Turner en España, muy respetada en Europa, con una larga trayectoria en libros de arte y gran presencia en el mercado hispanoamericano. De ahí́ surge la idea de Un Galerista Tropical, como parte de una serie que incluye títulos como El Subastador y La coleccionista Peggy Guggenheim, entre otros. Es un proyecto que se da de forma bastante orgánica, desde la confianza y el conocimiento mutuo. Desde el inicio hubo claridad en que la historia tenía valor dentro de ese contexto editorial”, explica Otero. “El título surge de la idea de compartir la experiencia de un galerista en Latinoamérica y el Caribe. Lo tropical viene de ser de una isla, y de los retos y fenómenos que enfrentamos por nuestro contexto geográfico, social y cultural. Es una manera de posicionar esa experiencia dentro de una realidad específica, que no siempre se visibiliza en el circuito global”, puntualiza.

Podríamos hablar horas sobre Walter. Pero si hay algo en lo que todos coinciden es en su capacidad de sorprenderse: de conmoverse hasta las entrañas cuando ve triunfar a los suyos. Es ahí donde se revela el don de gente que lleva como sello de fábrica.

El que conoce a Otero sabe que un día puede estar recorriendo la librería La Central del Museo Reina Sofía en Madrid conversando con coleccionistas en la feria Zona MACO de México —parte natural del oficio—, y al siguiente, perfectamente a gusto en la casa de su madre, Monserrate López. Allí recarga energías, allí se encuentra consigo mismo. Allí no hay trabajo ni títulos importantes; no hay lentes oscuros. Hay pura claridad.

Y aunque persisten muchas percepciones equivocadas sobre lo que hace un galerista, o no, Walter lo explica con la sabiduría y serenidad que llegan con la experiencia.

“Muchas veces ven al galerista simplemente como alguien que vende. Este no es un trabajo, es parte de mi vida. Sigo aprendiendo todos los días. Los retos son grandes cuando vives en una isla. Transportar obras, tanto para exhibir en Puerto Rico como fuera, es un proceso complejo, largo y costoso. Aunque al final es gratificante, sigue siendo un gran reto. El mundo del arte está cambiando. Los artistas no necesitan solamente un representante, necesitan un equipo de trabajo que piense en lo que le conviene al artista, no solo a la galería. Ahí́ es donde siento que está el verdadero valor”, explica Otero cuya primera obra de colección fue un grabado de Carlos Raquel que compró por $200.

Cuando reflexiona sobre casi tres décadas de trayectoria, Walter reconoce que el cariño de los suyos es su mayor tesoro y, sin duda, su verdadero legado.

Entre el libro, su familia, la galería, los viajes interminables y los múltiples compromisos profesionales de sus artistas, no parece haber vacaciones en el calendario cercano para Walter Otero. Pero eso no importa. El Galerista Tropical sabe que el proceso fue largo, que la espera también lo fue, y que este momento —finalmente— llegó. Está listo para lo que venga. Hay Galerista Tropical para buen rato.