Al entrar a FADS en Puerta de Tierra —en el espacio de grandes cristales que antes ocupaba Poor no More y que ahora muchos llaman con cariño “Fadsito”— te recibe Héctor Madera con una energía tan cercana que parece invitarte a quedarte a conversar un rato sobre historias del barrio.
Su exhibición, “Ya no vivo por vivir”, transforma el espacio en un punto de encuentro donde el arte no solo se observa, sino que se vive y se comparte. En el centro, unos bleachers de cancha de baloncesto evocan memorias colectivas de juventud y comunidad, pero también invitan a la acción: los visitantes pueden tomar un marcador y dejar su huella sobre la pieza.
Como explica el propio Madera, la obra deja de tener espectadores para crear participantes activos, convirtiéndose en un performance continuo que evoluciona con las capas que aporta la comunidad. Entre sus pinturas y esta instalación participativa, el artista celebra la inclusión, la accesibilidad y el espíritu vivo de Puerta de Tierra.

Entrar al espacio de FADS en Puerta de Tierra es, de entrada, una pequeña sorpresa. Entre los grandes cristales de lo que antes fue la tienda Poor no More —y que ahora, con cariño, muchos llaman “Fadsito”— me espera Héctor Madera con esa presencia tan amistosa que parece decir: “Siéntate aquí un momento, que te cuento algo del barrio… y quizá hasta te ofrezco una cervecita.”
Así empieza la experiencia de “Ya no vivo por vivir”, una exhibición que no solo se mira: se conversa, se habita y hasta se interviene.
El arte de Héctor entabla diálogos sobre inclusividad y accesibilidad dentro de las comunidades, pero lo hace sin solemnidad; más bien, desde la cercanía de la memoria colectiva. En el mismo centro del espacio, unos bleachers de cancha de baloncesto se convierten en el corazón de la instalación. Basta verlos para que algo se active en la memoria: tardes de escuela, juegos del barrio, risas que rebotaban igual que la bola contra el cemento.

Pero aquí hay un giro: los bleachers no están solo para mirar. Héctor nos invita —literalmente— a tomar un marcador y dejar nuestra huella.
“La obra le da la oportunidad de no solo ser espectador, sino de ser participante activo,” me cuenta. “Se convierte en un performance, y la pieza sigue evolucionando con los layers que añade la comunidad.”
Así, lo que comenzó como una estructura se va transformando en un archivo vivo de gestos, dibujos, firmas y pensamientos. Una obra que crece con cada visitante.

La exhibición también presenta sus pinturas de cartas: piezas cargadas de pensamiento y humor, donde Madera juega con su técnica del blob de pintura, creando relieves que aportan tridimensionalidad y una energía casi juguetona a la superficie. Son obras que invitan a mirarlas de cerca, descubrir sus capas y, sobre todo, interpretarlas a tu manera.
Porque si algo deja claro esta muestra, es que el arte de Héctor no busca distancia: busca complicidad.

Héctor Madera es uno de esos seres enérgicos cuya presencia se percibe inmediatamente al entrar a un lugar. Esa misma energía intensamente positiva es la que entrega tanto a la creación de sus obras como a su comunidad en Puerta de Tierra, la cual celebra y homenajea con esta instalación, que funciona a la vez como punto de encuentro para los visitantes y espacio de reflexión personal para el artista.
En “Ya no vivo por vivir”, el arte no se queda quieto en la pared: se sienta contigo en las gradas, conversa… y te pasa el marcador.