Cuéntame sobre tu primera conversación con el cliente. ¿Qué solicitaron?
Este fue el primer espacio que visité cuando estaba buscando la primera oficina para Brain Libre. Desde el primer momento supe que era el lugar, pero en ese momento no podía pagarlo. La inversión para ponerlo en condiciones era alta y la empresa apenas comenzaba.
Un año después regresé. Brain Libre ya había crecido; yo también había crecido y, esta vez, sí pude rentarlo, con miedo y sin la seguridad de poder pagarlo, pero lo hice. Siento que el espacio me estaba esperando. Y quizás yo también necesitaba esperar para poder verlo con otra visión.
¿Hubo cambios sustanciales en la estructura?
No hubo cambios estructurales mayores, pero sí una transformación profunda en la distribución. Redefinimos el flujo del espacio para que pudiera funcionar como estudio creativo y, más adelante, como un espacio híbrido, sin tener la certeza de que lo lograríamos cinco años después.
Creamos un área de estudio para producción de contenido, integramos una cocina para el equipo y comenzamos a pensar el lugar no solo como oficina, sino como ecosistema. La evolución no fue demoler paredes; fue reimaginar posibilidades.

Dinos algo con lo que tuviste que luchar para convencer al cliente, si algo…
La lucha fue completamente interna. Quería hacer mucho con poco presupuesto. Estaba comenzando la empresa y creciendo rápidamente a la vez. Tenía grandes ideas, pero recursos limitados.
Con el tiempo entendí que todo llega cuando tiene que llegar. Si hubiese tenido todo desde el principio, probablemente el espacio no tendría la historia ni el carácter que tiene hoy. La evolución fue orgánica y eso lo hace auténtico.
A lo largo de una carrera, hay decisiones que se convierten en verdaderos puntos de inflexión. Mirando hacia atrás, ¿qué elección te permitió crecer y consolidar la manera en que lideras hoy?
He tenido varios puntos de inflexión, pero el más reciente ha sido el más transformador. Durante mucho tiempo confundí ambición con urgencia. Trabajé sin pausa, buscando constantemente mejorar, mirando hacia afuera y comparándome con agencias que admiraba y que, en muchos aspectos, me inspiraban a crecer.
Hasta que entendí que mi vida no puede estar separada de mi carrera y que, si yo no estoy bien, nada de lo que construya va a sostenerse. El último año me obligó a detenerme. Enfrenté situaciones personales profundas que me llevaron a cuestionarme todo: diagnóstico de cáncer, identidad, propósito y dirección.
La decisión más importante fue elegirme a mí: cuidar mi salud física y mental, practicar presencia, confiar más en mi equipo y entender que la industria no es solo competencia, también es comunidad. Hoy lidero desde la presencia, no desde la prisa; desde la claridad, no desde la comparación. Y eso cambia completamente la manera en que construyo, colaboro y proyecto el futuro.
En Modo de Vida creemos que los espacios hablan. El diseño puede cambiar el rumbo de un negocio. ¿Qué dice tu oficina, estudio o espacio de trabajo sobre la forma en que lideras y piensas? Explícanos la transición entre cada uno de ellos, desde BL open space hasta BLAS & SAINT.
Este espacio evoluciona al mismo ritmo que nosotros. En 2019 era un open space con una mesa de conferencia y tres escritorios. Hoy es un ecosistema donde conviven tres proyectos que se alimentan entre sí: Brain Libre, Blas and Saint y Blas Project.
El espacio dejó de ser oficina para convertirse en narrativa. Brain Libre representa la mente: estrategia, arquitectura de ideas e innovación. Blas and Saint es el santuario: pausa, ritual y energía. Blas Project es el alma colectiva: comunidad, colaboración y expansión.
Mi oficina habla de evolución, adaptabilidad y madurez. Refleja que liderar no es imponer estructura rígida, sino diseñar espacios que permitan crecer.
Háblanos de tu espacio de trabajo. ¿Cómo influye el diseño, el silencio, la energía o el caos controlado en tu proceso creativo y estratégico?
Mi espacio soy yo. No es una oficina; es literalmente una extensión de mi mente. En las mañanas entro por Blas and Saint. Prendo las luces con calma, pongo música relax y organizo detalles pequeños que para mí lo son todo. Ese momento marca cómo va a correr el día. Ahí me centro. Ahí respiro. Ahí recuerdo por qué hago lo que hago.
Después empiezo a moverme entre el espacio del café, donde todo se siente más lento y más claro. Entro a mi oficina privada cuando necesito enfoque y dirección. Y luego salgo al área abierta de Brain Libre, donde vive ese caos rico, creativo y lleno de ideas cruzándose todo el tiempo.
Moverme físicamente por el espacio me ayuda a moverme mentalmente también. No soy el mismo cuando estoy en cada área, y eso me encanta. Me permite crear desde distintos estados. Para mí, el diseño no es decoración: es energía, es intención, es estructura emocional. Influye en cómo pienso, cómo tomo decisiones y cómo lidero al equipo. Este espacio no solo sostiene el negocio; sostiene mi proceso.

¿Qué piensas de la evolución de los espacios comerciales hoy en PR? ¿Qué necesitan para atender las nuevas generaciones de clientes con los nuevos retos que traen a la mesa?
Estamos en un momento interesante. He visto una mejora notable en diseño, terminaciones y atención al detalle. Eso me alegra porque demuestra que estamos elevando el estándar. Sin embargo, todavía podemos atrevernos más. Los espacios comerciales necesitan dejar de ser solo funcionales y convertirse en experiencias. Necesitan contar historias, integrar cultura local y diseñarse desde el concepto, no desde la tendencia pasajera. Las nuevas generaciones buscan autenticidad. Buscan conexión. Buscan lugares que se sientan pensados. La innovación no siempre es inventar algo nuevo; a veces es reinterpretar lo que ya somos, con más intención.
¿Cuán importante es diversificar la cartera de servicios?
Ha sido clave en nuestra evolución. Nunca trabajé en una agencia tradicional, así que construí Brain Libre desde la intuición y las necesidades reales de mis clientes. Eso me llevó a diversificar constantemente. Comenzamos más enfocados en diseño y redes sociales. Hoy somos una agencia creativa con enfoque 360: estrategia, branding, producción, activaciones, dirección de arte y consultoría. Diversificar no es hacer de todo sin dirección. Es entender qué necesita tu cliente para crecer y tener la capacidad estructural de ofrecerlo con excelencia.

¿Quién te inspira, en términos de diseño y a nivel personal? Quién ha sido tu mentor(a)? En materia profesional… ¿Cuál es tu ethos?
Mi inspiración no viene de un solo lugar. Viene de momentos. Viene de sentarme a ver fotos viejas y recordar quién era y cómo pensaba. Viene de viajar y entrar a un espacio nuevo y preguntarme por qué me hace sentir lo que me hace sentir. Viene de la moda, de diseñadores como Jacquemus que me inspiran por cómo combinan arte, narrativa y estrategia visual. Pero también me inspira lo cercano. Me inspira ver a colegas en Puerto Rico atreviéndose a hacer cosas distintas. Me inspira mi equipo cuando trae ideas nuevas. Me inspira ver a alguien apostar por sí mismo, aunque tenga miedo. Esa energía es contagiosa. Mis mentores siempre han sido mis padres. No desde lo creativo, sino desde lo humano. De ellos aprendí disciplina, respeto por el trabajo, resiliencia y algo bien importante: que el carácter vale más que el talento. Mi ethos hoy es bastante claro, quiero ser la persona que yo mismo admiraría, ser coherente con lo que digo y lo que hago. Crear con intención, no por ruido ni presión. Construir cosas que me representen de verdad. Porque al final, más que inspiración, lo que busco es integridad.
Desde un lugar más personal, comparte con el lector qué anhelo, intención o idea te mueve hoy y qué sientes que es importante contarle al mundo en este momento de tu camino.
Hoy me mueve algo mucho más simple que antes: estar presente. Después de un año que me obligó a detenerme, entendí que no todo se trata de crecer más rápido, sino de crecer mejor. De cuidar mi salud. Mi mente. Mi energía. De sostener lo que he construido sin dejar de sostenerme a mí. Brain Libre nació desde la ambición de hacer las cosas bien. Blas and Saint nació desde la necesidad de pausar. Y Blas Project nació desde el deseo de compartir, de crear comunidad y no hacerlo solo. Hoy veo todo como un mismo proceso. Ya no quiero construir desde la urgencia, quiero construir desde la conciencia. Poner límites. Decir que no cuando hace falta. Confiar en mi equipo. Disfrutar el espacio que diseñé con tanta intención. Honrar mi historia sin compararla con la de nadie. Durante años busqué validación afuera. Hoy busco coherencia adentro. Y si algo quiero compartir en este momento de mi camino es eso: se puede liderar con estrategia y con sensibilidad. Se puede crecer sin perderse. Se puede crear desde la calma. Cuando estás alineado contigo, todo lo demás encuentra su lugar.