Gianni Perlloni concibió los interiores de Benny & Dix como una puesta en escena: un espacio donde cada elemento responde a una narrativa de crecimiento, evolución y carácter. Esta nueva oficina no solo alberga una operación creativa, sino que traduce la esencia de Edixie en materia, textura y atmósfera.

A través de piezas únicas, acabados con historia y una composición abierta e intencional, el espacio se mueve entre lo pasional y lo estructurado. Hay algo ligeramente caótico —pero cuidadosamente contenido— que refleja su identidad. El resultado: un ambiente auténtico, vibrante y profundamente humano.
Aquí no se percibe la rigidez de una oficina tradicional. Más bien, evoca la energía de un restaurante o un bar creativo: un lugar que invita a la conversación, a la intuición y a pensar más allá de lo esperado. La luz natural se convierte en protagonista, acompañada de áreas diseñadas para el intercambio. La estética no impone; acompaña. Texturas, impresos, música y fotografías personales construyen un universo vivo que evoluciona con su equipo.

En un Puerto Rico donde los espacios comerciales se redefinen constantemente, la visión es clara: ya no basta con que un lugar funcione o se vea bien; debe sentirse coherente, vivo y conectado. Las nuevas generaciones buscan experiencias fluidas, y la diversificación de servicios surge como una respuesta consciente a esa transformación.

“My design language is sculptural, tonal, moody, layered… and being a bold creative agency, I knew we needed to push into a more editorial, cinematic expression.”
Su lenguaje de diseño —escultural, tonal, profundo y en capas— se amplifica aquí con una intención más editorial y cinematográfica. Las paredes, audaces y volumétricas, establecen el tono; el mobiliario, de siluetas curvas, suaviza la arquitectura y equilibra la composición. Los tonos crema elevan el espacio, mientras los marrones generan un degradado que unifica el conjunto y coloca a quienes lo habitan como protagonistas.

El espacio propone una atmósfera sofisticada y sensorial donde la textura y el patrón dominan la experiencia. Relieves orgánicos, tapicerías envolventes y tratamientos de pared con profundidad cromática aportan calidez y un carácter táctil. La paleta —tonos vino, marrones y neutros cremosos— transmite confianza, creatividad y solidez.

La iluminación, cálida y escultural, combina piezas modernas y atemporales para crear capas de luz ambiental y acentos focales. El mobiliario, de lenguaje clásico contemporáneo y líneas suaves, rompe con la rigidez tradicional y fomenta un entorno colaborativo y creativo. Todo converge en una identidad audaz y refinada, diseñada para inspirar ideas y contar historias desde el diseño.
El punto de partida fue la oficina de la Directora Creativa. Desde las primeras conversaciones, Perlloni identificó el papel tapiz como eje conceptual: su fluidez, color y lenguaje orgánico definieron el ADN del proyecto y guiaron el desarrollo del resto de los espacios.
El espacio es...
Audaz, pero no caótico.
Emocional, pero estructurado.
Clásico, pero moderno.
Como editora, tuve la oportunidad de recorrer el espacio en varias ocasiones —y confieso que hubo piezas que me marcaron. Entre ellas, la lámpara Echo, una exploración escultórica de luz, forma y sombra donde lo cósmico se encuentra con lo terrenal. Su vidrio ondulado refracta la luz como destellos solares o lunares en suspensión, mientras su base —de textura mineral— ancla la pieza con una presencia casi primitiva. Es un diálogo entre lo etéreo y lo elemental.

Soy amante de las piezas que cuentan historias, como Wax Magma, un candelabro escultórico que captura el instante en que lo fundido se convierte en memoria; o el jarrón de líneas suaves y ondulantes, Argillia, que evoca la calma de la piedra calentada por el sol.
En contraste, el jarrón escultural Nodo, introduce una presencia más terrenal: su estructura en resina de alta densidad y sus anillos esculpidos aportan profundidad y carácter artesanal. Mientras tanto, el jarrón Fiume se impone con una silueta dual que recuerda las llamas contenidas, una pieza que habita entre lo primitivo y lo refinado.
En Benny & Dix, el diseño no es un telón de fondo: es el acto principal. Un espacio donde cada objeto, cada textura y cada sombra construyen una narrativa en constante evolución. Y quizás ahí radica su mayor acierto: en recordarnos que los lugares, como las ideas, nunca están terminados—solo en proceso de convertirse en algo más.