Por: DI. Laura Maldonado Rodríguez / CODDI #1780
Presidenta, Junta de Gobierno 2024–2025 / 2025–2026
Colegio de Diseñadores–Decoradores de Interiores de Puerto Rico

La historia del diseño de interiores en Puerto Rico comenzó con un grupo de mujeres visionarias, con pequeños colectivos que creían que diseñar espacios era mucho más que decorar: era transformar la forma en que vivimos y la calidad de vida de las personas.

Desde la década de 1950, cuando Angélica Figueroa de Valldejuli fundó la School of Interior Decoration en Santurce, comenzó a sembrarse la semilla de una profesión que, con el tiempo, evolucionaría hasta convertirse en una disciplina reglamentada, colegiada y profundamente relevante para el desarrollo de nuestro país. Aquel esfuerzo inicial dio paso a asociaciones, publicaciones, escuelas y movimientos que buscaban validar el diseño de interiores como una profesión seria, necesaria y capaz de impactar la vida cotidiana de las personas.

En 1973, Puerto Rico se convirtió en el primer territorio de Estados Unidos en reglamentar formalmente la profesión mediante la Ley 125. Apenas tres años más tarde, en 1976, nació el Colegio de Diseñadores–Decoradores de Interiores de Puerto Rico (CODDI), uniendo esfuerzos y voluntades bajo una misma visión: proteger, fortalecer y elevar nuestra profesión.

Hoy, cincuenta años después, tengo el inmenso honor de mirar atrás y reconocer que somos parte de una historia extraordinaria.

Para mí, esta celebración tiene un significado muy especial. No solo porque representa un hito histórico para nuestra institución, sino también porque coincide con la culminación de mi segundo término como presidenta del CODDI, luego de seis años sirviendo en distintos roles en la Junta de Gobierno desde 2020 al presente, y dos años consecutivos liderando el Colegio desde la presidencia.

Hemos vivido años intensos, llenos de retos, cambios importantes y logros alcanzados como comunidad, con mucho trabajo y, sobre todo, mucho amor por nuestra profesión y su preservación.

Asumir la presidencia del CODDI no ha sido para mí simplemente ocupar un puesto; ha significado defender una profesión que amo profundamente. Ha significado levantar la voz cuando ha sido necesario para proteger la práctica licenciada, velar por el valor de nuestros colegiados, trabajar por la continuidad de nuestros procesos y servicios, fortalecer nuestra comunidad, mantener nuestra casa sede y recordar constantemente que el diseño de interiores no es un lujo ni un capricho: es una disciplina que impacta la salud, la seguridad, la funcionalidad y la calidad de vida de las personas.

Durante estos años, he tenido el privilegio de ver de cerca el compromiso de tantos colegas que, desde distintos espacios, han aportado su tiempo, conocimiento y pasión para que el Colegio continúe evolucionando. He visto generaciones distintas coincidir en una misma mesa. He visto diseñadores jóvenes llegar con nuevas ideas y veteranos compartir décadas de experiencia. He visto suplidores, aliados, universidades y profesionales de disciplinas hermanas reconocer cada vez más el valor de lo que hacemos.

Y quizás eso es una de las cosas más significativas de cumplir cincuenta años: entender que el CODDI no es solo una institución. Es una comunidad; es la suma de todas las personas que han servido antes que nosotros. Es el legado de presidentas, presidentes, juntas de gobierno, comités, voluntarios, educadores, estudiantes y diseñadores que creyeron en la importancia de construir algo más grande que ellos mismos.

Pienso en la creación del CODDI mediante la Ley 125 y en su primera presidenta, Eugenia Josefina. Pienso en la primera convención celebrada en el Coliseo Roberto Clemente, en la búsqueda de una sede propia, en la integración de ambas disciplinas en una sola licencia, en campañas como “Licencia en Mano”, en iniciativas como PR Designer’s Home, en el Simposio Internacional de Diseño Tropical, el PR Interior Design Challenge 2025, en iniciativas de impacto a comunidades necesitadas, en las alianzas con universidades y en tantos esfuerzos que han dejado huella en nuestra profesión y en nuestra isla. Todo esto me llena de orgullo de ser parte de esta historia.

Pienso también en los retos recientes. En cómo tuvimos que reinventarnos luego de la pandemia. En cómo hemos enfrentado cambios legislativos, transformaciones tecnológicas y nuevas formas de ejercer la profesión. En cómo seguimos trabajando para defender nuestros estándares, educar al público, apoyar a nuestros colegiados y garantizar que las futuras generaciones encuentren una profesión sólida, respetada y con oportunidades reales de crecimiento.

Y entonces comprendo que celebrar cincuenta años no es solamente mirar hacia atrás con nostalgia. Es mirar hacia adelante con responsabilidad, porque todavía queda mucho por hacer.

Nos queda seguir fortaleciendo la educación continua, apoyar a nuestros diseñadores en entrenamiento, proteger la profesión frente a amenazas externas, continuar ampliando nuestras alianzas y seguir recordando a nuestra isla y al mundo que el diseño transforma vidas.

Como presidenta, uno de los mayores privilegios de este último término ha sido precisamente poder liderar la celebración de este 50 aniversario, ser parte de la organización de una hermosa Gala Dorada y de la Quincuagésima Asamblea y Convención Anual 2026.

Un aniversario que no representa únicamente una cifra, sino un legado: un legado de creatividad, disciplina, valentía y visión.

Un legado construido por personas que entendieron que diseñar interiores no se trata solo de hacer espacios bonitos; se trata de crear lugares que acompañen la vida de las personas, que cuenten historias, que provoquen emociones y que respondan a las necesidades de quienes los habitan.

Hoy cierro esta etapa con profunda gratitud.

Gratitud por la confianza de quienes me eligieron y depositaron su confianza en mí. Gratitud por mis compañeras de juntas a través de estos años, por nuestros colegiados, por los aliados que han caminado junto a nosotros y por cada persona que ha aportado, aunque sea un pequeño granito de arena, a la historia del CODDI.

Porque si algo he aprendido en estos años, es que las instituciones como la nuestra no se sostienen solas: las sostienen las personas que la componen, que la cuidan y que trabajan incondicionalmente por su conservación y permanencia.

Y estoy convencida de que, mientras existan diseñadores dispuestos a servir, a defender la profesión y a trabajar colectivamente por el bien común, el futuro del CODDI seguirá siendo tan poderoso como su historia.

Cincuenta años después, seguimos aquí: más fuertes, más unidos y más conscientes de nuestra responsabilidad social y de nuestro valor.

Seguimos comprometidos con continuar construyendo un legado que inspire a las futuras generaciones y diseñando espacios que transforman vidas.